28.7.09

Más canciones de este añico que me gustan.

http://open.spotify.com/user/wtbe/playlist/6AJVUtcwByrhtlDQMlkw82

25.5.09

Mis 20 canciones de 2009

Y que estén en Spotify:

http://open.spotify.com/user/wtbe/playlist/6c6Awx6OVCbsP9oT0wGyIG

22.5.09

No vuelvas nunca más.

Nunca fui amigo de las coincidencias.

Hace ya casi 13 años que una corriente de agua se llevó todas las pocas cintas que tenía por aquél entonces. AC/DC, Monomen, Supersuckers y alguna otra más que ya no recuerdo.

Y mientras aquello ocurría, casualmente sonaba en el coche esta canción:




La luna se escapó, se ha llevado los recuerdos, el río se la llevó, sólo quedan los reflejos...


Permitidme que cuelgue unas fotos hechas muchos años después de cómo quedó el Camping Las Nieves. Para los que lo conocíamos, es escalofriante ver cómo ha desaparecido todo y sin embargo sigue pareciéndose tanto a como era.

La piscina y la recepción:



19.5.09

Lucinda Williams

Que viene en Julio, ays:

13.5.09

Vuelve el mes fatal (y esto estaba muy serio).


Quién tuviera más teticas.

11.5.09

Movimiento.

No fueron exactamente cuatro años de pausa. Simplemente, no me pasaban casi cosas que sabes que acabarás recordando con cariño. Y si ocurrían, Algo no me dejaba darme cuenta o, simplemente, disfrutarlas. Mucho movimiento, demasiado, descontrolado y siempre dentro de mi, ¿mi?, cabeza. ¡No sabía recitar la alineación del Madrid los domingos después del partido del plus! Prisa –y no lo digo por lo del plus–:

Prontitud y rapidez con que sucede o se ejecuta algo. Necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia. Rebato, escaramuza o pelea muy encendida y confusa. Gran concurrencia de gente en un sitio para obtener algo. Entre sastres y otros oficiales, acumulación de mucho trabajo. Aprieto, conflicto, consternación, ahogo. (DRAE)

No sé por qué se empeñan en llamarlo ansiedad.

31.3.09

Diez minutos.

Esto sucedió cuando apenas habían transcurrido diez minutos del nuevo año. Diez minutos tras cuatro años extraños, complicados. Años que me mantuvieron al borde de no sé qué que daba mucho miedo.

Cuando algo se apodera de ti y te maneja a su caprichoso antojo...

De aquéllos tiempos, ¡qué lejanos! —quiero creer—, tiempos en pausa, sólo quiero recordar a la mujer bajita y preciosa con todo cerca. Aprendí mucho: suerte. Que hay que querer a tus mayores, a la tierra que dejó que la pisaras, a las higueras y a los guisos elaborados.
Con ella tuve dos problemas. El primero, su piel quemaba. El segundo, me quería menos de lo que deseaba quererme.

Te voy a querer siempre, Lucía.


No recuerdo qué cenamos, pero sí que cumplimos escrupulosamente la habitual ceremonia de Nochevieja. Y que quise acortar el tiempo de espera en el sofá como si tratara de encontrarme de bruces con el momento de celebrar, y que para ello pelé muy despacio las uvas. Fui el último en subir, casi sonaban los cuartos.

Alguien había traído unas cajas con fuegos artificiales. Qué tontería, pensé. Comenzado el año buscamos un lugar seguro para lanzarlos y salimos todos: estaban algunos tíos míos, mis padres, mis hermanos, una de mis abuelas. Y empezaron a encender los petardos. Mi padre y algún otro familiar corrían a prender la mecha, jugaban. Los fuegos estaban bastante conseguidos. La gente se asomaba a las ventanas y aplaudía. Ocurrió. El suelo parecía firme.

Pertenencia. Llevaba tiempo pensando que no podría pertenecer a este mundo si ni siquiera era capaz de pertenecer a mi familia, a mis amigos o a mi vida.

Salí de allí con desgana, quería alargar el momento pero me estaban esperando. Aparqué rápido, la gente llegó pronto y el primer vistazo a La Pequeña Bety me hizo saber que iba a pasarlo bien esa noche a pesar de los pesares. Conocí a Belén, bailé con Marina e Israel, charlé con mucha gente. Confianza.